Estoy en un acompañamiento privado, escuchando atentamente a la mujer que tengo delante. Normalmente la energía es densa, concentrada…La herida está siendo ventilada, mostrada, tal vez es la primera vez que le toca el aire, que encuentra un espacio neutro (con una neutralidad que es empatía y no frialdad) donde expresarse. Escucho una frase que me suena, no es la primera vez que la oigo en mujeres que pasaron por una IVE: “...Son excusas, ya sé que es una excusa pero no era el momento…”. la mujer que tengo delante utiliza la palabra “excusa” en vez de la palabra “razón”. Y de ahí viene mi pregunta: “En qué momento las razones (que nos llevaron a abortar) se volvieron excusas?

 

Dice el refrán popular que “quien se excusa se acusa”. Nada más cierto. Se excusa quien se siente acusado, es decir , juzgado y a menudo encontrado culpable. Detrás de la palabra “excusa” tan utilizada después del aborto médico, extiende su sombra y sus tentáculos la culpa. Lo que fueron motivos válidos, en su momento, ahora nos nos sirven, y al tratarlos como excusas estamos revelando un juicio y una condena en el tribunal de la propia razón, o acaso del propio ego. Ante ese juicio, que puede durar una milésima de segundo en la cabeza de la mujer que ha abortado, pero que se vuelve repetitivo en el tiempo, la mujer está aceptando ya la culpa, la está cargando en sus hombros desde el mismo momento es que nos habla de excusas. El mismo lenguaje la está delatando.

 

La decisión de abortar diría que es, prácticamente, una decisión imposible. Imposible por las dos emociones que tiran desde los abismos inconscientes (el deseo y el miedo, como vimos en este artículo), imposible por las razones que se contraponen en el tribunal de la conciencia: razones que hacen referencia a creencias (no puedo abortar porque no está bien) y razones que hacen referencia a circunstancias (no puedo tener el hijo porque no existen las condiciones que yo considero óptimas para ello).

Se hallan contrapuestas dos éticas: la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad.

Tal vez una no hubiera abortado nunca, tal vez en su marco de creencias el aborto estaba fuera de toda posibilidad (“es lo que le sucede a las otras, pero no a mi”), pero en estas circunstancias concretas, ante una imposibilidad que se vive como real y que por lo tanto es real para la mujer que está afrontando una IVE, piensa que responsablemente, no le cabe otra opción que abortar.

Una vez haya abortado, ese tribunal de creencias vendrá a pasarle cuentas. En ese momento las razones se volverán excusas. En ese momento tan delicado, la culpa, como un virus ya habrá entrado en el alma. De ahí la urgencia, durante el duelo, de poder entablar un diálogo íntimo y honesto con nosotras mismas sobre la bondad o maldad de nuestras acciones, sobre si eso nos convierte en malas personas y tantos y tantos interrogantes que la mujer no sabrá ni cómo formular.

 

Las razones que llevan a una mujer a esta difícil encrucijada pueden ser encuadradas en 2 grupos: las circunstanciales y las que yo llamo vocacionales.

En el primer caso la mujer aborta porque siente que las circunstancias así se lo imponen (y de ahí luego el sentimiento de impotencia y rabia), cuando en realidad están dando más peso a las circunstancias que a sus convicciones o deseos profundos. Cabe decir que estas convicciones o  creencias pueden no estar muy claras: no se está en contra del aborto pero no se tiene claro que se esté actuando bien (años de historia y patriarcado conspiran para decirte que es así). Puede ser también que el deseo de ser madre no se haya reconocido en toda su magnitud…Entre estas razones para abortar existe un sentimiento de que no es el momento, porque la mujer no se siente preparada para ser o volver a ser  madre, porque no quiere llevar adelante una maternidad en solitario, porque no existe una viabilidad económica o laboral para ello, porque existen otros proyectos que quieren llevarse a cabo antes de ser madre…o, porque, en los peores casos, existe una malformación del feto o incompatibilidad de este con la vida (digo peores ,y ya lo explicaré en algún artículo dedicado a las llamadas IVES terapéuticas, porque lo avanzado de la gestación y el deseo explícito, desde el primer momento de tener el hijo/a hacen de estas las IVES más difíciles de afrontar.).

Dentro de las que yo llamo razones vocacionales se hallan aquellas mujeres que no quieren ser madres porque…simplemente no quieren, porque no tienen dicha vocación o llamado, independientemente de las circunstancias que tengan. Estas últimas, que aparentemente no tendrían que tener problemas luego de la IVE médica, a veces experimentaran dolor porque existen  dudas respecto a la ética de la acción. O en otros casos,  porque ese rechazo a la maternidad puede venir de una herida con la propia madre, lo que yo llamo la herida primordial y que el aborto puede poner de forma muy relevante en primer plano. Ahí una buena pregunta a hacerse sería: ¿ no quieres ser madre porque simplemente no sientes el llamado y das prioridad a otros proyectos vitales (lo cual está muy bien)  o porque la relación con tu madre creó una herida que produce en ti un rechazo profundo y miedo a la maternidad que está por encima de un deseo no reconocido en estos momentos de ser madre ? El aborto puede brindar una oportunidad de oro para sanar esa herida primera o para reconocer finalmente el propio camino a seguir.

 

Sea cual sea la razón que te llevó adonde estás ahora, recuerda que hiciste lo mejor que supiste en ese momento de tu vida con lo que sabías y sentías en esas circunstancias. Juzgarte ahora, y condenarte desde la pérdida que sientes (y a menudo no llegas  a reconocer) es profundamente injusto hacia esa mujer que fuiste, Mi invitación sería que la vieras con otros ojos, que volvieras a sentir su angustia y su indecisión, que la comprendas y no la juzgues…Salvarla a ella es salvarte a ti misma. Detrás de la reconciliación con tu yo del pasado, empieza el camino hacia  la paz.

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