Hay un aspecto muy sutil del aborto voluntario que a menudo se nos pasa por alto, como tantos otros. Pero no es un aspecto menor. El dilema de interrumpir tu embarazo es un dilema complejo a nivel ético. Y la mayoría de mujeres que lo afrontan seguramente nunca se imaginaron que se encontrarían en esa situación. La mayoría nunca leyeron un libro sobre ética ni tampoco ninguno de de los llamados feministas. La mayoría son mujeres que siguieron “la norma”, lo socialmente establecido. La mayoría son mujeres normales, con vidas normales y buenas personas. He acompañado a mujeres que amaban a sus hijos y que mostraban también un amor desmedido por los animales. La mayoría son mujeres altamente responsables: capaces de responder de sus actos y que nunca quisieron hacer mal a nadie. Y un día tienen que enfrentar un dilema complejo, extremadamente complejo y además resolverlo en un breve espacio de tiempo. En esos días, os puedo asegurar, que se visita el infierno, no el que preconizan las escrituras y sus predicadores dogmáticos, sino el verdadero, el  infierno que crea una mente escindida entre dos caminos imposibles. Al final, se toma una decisión como se puede y se lleva a cabo.

 

Te dirán, los que defienden el aborto, que ya está, que no has hecho nada malo. Y que tu vida continúa en el punto donde la dejaste.

 

Estas voces no tienen en cuenta un par de cosas: en primer lugar, esta mujer buena, responsable que nunca quiso hacer daño a nadie, tiene serias dudas sobre la moral de sus actos y necesita, más que un juicio, a favor o en contra, un espacio para reflexionar en profundidad sobre un dilema complejo, reflexión para la que en su momento lo hubo tiempo. Y en segundo lugar, esta mujer sabe que hay un alto porcentaje de la población que ya la  acusa y condena.

De repente una mujer “normal” se encuentra fuera de la “norma”. Pasa a ser una marginada aunque nadie lo sepa, porque se vió envuelta en un asunto que muchas personas a su alrededor no aprobarían. Y entre muchas de esas personas están amigos, familiares, gente a la que amas. Un alto porcentaje de la población va a considerarte nada menos que una asesina…¿Cómo se vive con eso? ¿Cómo se puede vivir con eso? Se vive mal y con mucho miedo, a que se sepa, a que te conozcan. Tu vida, aunque en apariencia sigue igual, se sumió en la clandestinidad. Porque esa mujer no sabe muy bien si hizo bien o mal, se lo plantea cada día, pero se lo plantea sola y con miedo al qué dirán “si supieran”…. Y un porcentaje significativo de la sociedad ya la ha condenado y le recuerda su condena cada día en las redes sociales.

 

No en todos los casos es así. Hay mujeres que tienen un entorno más comprensivo y empático, pero en muchos casos y en muchísimos países, incluso donde es legal, esto no se da.

Esta mujer buena, normal, que puede ser tu amiga, tu vecina, tu hija, tu abuela…de algún modo quedó fuera del clan. No existe miedo más atávico que el de quedar excluído del clan…porque solos no sobrevivimos. Porque todos necesitamos, como seres humanos, que se nos reconozca y conozca, que se nos comprenda y se nos quiera. Nos aterra quedar “fuera de”, al margen…que nos rechacen los ajenos y los más cercanos. Ese miedo al rechazo más profundo  se activa con al aborto voluntario en un alto número de casos. Cada comentario contra el aborto que se lee en las redes sociales, en libros, que se escucha en una conversación de bar…activará la culpa y ese miedo ancestral.

 

La mujer que ha abortado debería tener un espacio sin juicio donde poder abordar el dilema ético al que tuvo que hacer frente:

¿Fue mala tu acción?

¿Hiciste daño a alguien?

¿Eres mala persona?

¿Eso te convierte en mala persona?

¿Qué es ser mala persona?

¿Qué es una acción mala?

¿Fue una acción verdaderamente libre?

¿Fue una acción sin libertad alguna?

¿Eres responsable, culpable o ambas cosas?

¿ En caso de que te consideres culpable, mereces el perdón?

¿Cómo acceder de nuevo a la paz?

 

Nadie puede responder esas cuestiones por ti..y encontrar tus respuestas, las tuyas propias  va a llevarte un tiempo.

Todas estas cuestiones deberían ser tomadas en cuenta, tratadas con respeto y amor. Pero ese espacio raramente se da. Así que la mujer que abortó no tiene donde ir, y su cabeza volverá una y otra vez a ese discurso venenoso (“soy mala, soy lo peor, no merezco nada…”) y se irá intoxicando día a día con ese veneno. Y siempre con el secreto a cuestas, con el miedo a que los demás vean lo mala persona que cree ser.

 

Este artículo es una invitación a todas las mujeres y hombres que defienden el aborto libre, seguro, legal  y voluntario. Para que tomen consciencia de lo difícil que puede ser para la mujer que aborta. Para que abran oídos y corazón y estén atentos a las señales que esas mujeres puedan mandar. Y si un día una amiga, hija, prima, compañera de trabajo te dice en voz baja…”yo aborté” le des ese espacio. No basta con decirle “no hiciste nada malo”…hay que escucharla y plantearle preguntas como las de arriba, acompañarla a reflexionar y reflexionar tu misma sobre este difícil dilema. 

 

Por último,  a la gente que condena el aborto…les diría que también aprendieran a escuchar y a ponerse en la piel del otro. Que sus comentarios pueden herir, que las palabras pueden matar. Y que son responsables de muchísimo daño sobre un asunto en el que cabría más reflexión y comprensión y no tanto juicio y condena. La próxima vez que vayas a escribir algo en contra del aborto, párate unos segundos y plantéate que con tus palabras no cambiarás nada (siempre hubo y habrá mujeres que interrumpieron sus embarazos) pero que con ellas estás haciendo mucho daño. Plantéate la dificultad que supone este proceso, ten la humildad de decir, “en principio nunca abortaría, pero uno nunca sabe!”. Reconoce que hablas desde principios abstractos, pero desconoces la realidad, la experiencia: el aborto real, ese que tiene rostro de mujer.

Te invitaría a que buscaras en tu entorno a alguien que haya pasado por un aborto voluntario. Va a ser difícil que la encuentres, porque estos infiernos son silenciosos y personales aunque mucho más cercanos de lo que llegaríamos a imaginar. ,Pero ¿quién sabe? Tal vez la vida te ponga en tu camino a quién  tu consideras una asesina, y la puedas mirar a los ojos, escuchar su voz, dar espacio a su historia…y tal vez, solo tal vez si consigues liberarte de tus dogmas y juicios, puedas ver lo que yo veo: una mujer buena y responsable, que nunca quiso hacer mal a nadie. Escúchala. Ojalá la vida te haga ese regalo (y tú sepas recibirlo).

 

 

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