A veces me sorprende las sincronicidades de la vida. Momentos en los que se dan casualidades sin causa aparente, cuando hechos distintos pero semejantes se suceden simultáneamente sin nexo visible que los conecte. Así fue como, desde hace un mes, tres mujeres de distintos lugares del país y del planeta me han contactado para que las acompañe en su proceso después de IVES muy recientes. En los tres casos hacía apenas unos días o un par de meses del aborto médico. Hasta la fecha había hecho acompañamientos a mujeres que habían pasado por un aborto hacía un año o más..nunca había tenido casos de IVES tan recientes. Y de repente…tres.

 

(En el otro extremo del espectro existen mujeres que me contactaron 15 o 20 años después de sus abortos…y de los que no podían apenas ni hablar. A ellas les dedicaré otro artículo).

 

Estos acompañamientos me están haciendo revisitar lo que en duelo se llama la primera etapa de shock. De hecho, desde que una mujer se entera de que está embarazada entra en shock. Decida o no tirar adelante su gestación este hecho cambia su vida de pies a cabeza. Ya nada volverá a ser igual. ¿También si se decide interrumpir? Sí, porque aunque se crea que sólo se está parando el proceso de un grupo de células, hay múltiples cosas que van a cambiar y el aborto en sí va a suponer un punto de inflexión.

 

¿Qué cambia? ¿Por qué algunas mujeres definen su aborto como lo más “fuerte” que les pasó en la vida? Porque la decisión a tomar tiene múltiples y variadas implicaciones. Porque en el breve espacio de unos días van a tener que afrontar un dilema moral monumental y plantearse cuestiones profundas sobre sus vidas y sobre la vida en general. Porque tendrán que tomar una decisión y ejecutar un acto irreversible que las situará directamente fuera de la “norma”social, ese imperativo no dicho que aún vende la maternidad como la función esencial de la mujer

. Mujeres que hasta el momento llevaban vidas normales (y acaso normativas) van a encontrarse de repente, fuera de la norma.

Y aquellos colectivos que pudieran acogerlas (todas las mujeres que lucharon por el derecho a decidir) tampoco le ofrecerán narraciones ni discursos sobre el después del aborto médico. Esa mujer tendrá que enfrentar un dolor que no entiende y que no puede compartir, y si se atreve a compartirlo encontrará en la mayoría de los casos un muro de silencio e incomprensión.

 

Días críticos. Fuera de la norma. A contra-corriente sin que nadie lo sepa. No se sabe muy bien lo que se ha perdido, no se sabe muy bien si una se arrepiente, no se sabe, en definitiva, quién eres y en quién te has convertido. Ataques de llanto, miedo o pánico a que se sepa, miedo o pánico a no estar bien físicamente. Y todo con una pátina de irrealidad propia de esta etapa de shock:” esto no me puede estar pasando a mi”. En ese sentido algunas de las mujeres que me contactaron me hablan de pérdida de la inocencia. In-nocente es el que no-sabe. ¿Qué saben ahora estas mujeres que antes no sabían? Saben, con el saber que da la experiencia, que a veces la vida te pone ante encrucijadas imposibles, saben de la soledad del ser humano ante decisiones radicales que en último término te conciernen a ti y a tu vida entera, saben que lo impensado puede hacerse real en cualquier momento. Lleva un tiempo darse cuenta de que lo sucedido es real. El shock es un mecanismo de defensa también, algo que la mente utiliza para poder adaptarse a situaciones totalmente nuevas para las que no hay preparación previa. Aunque nadie te prepara para las grandes experiencias de la vida,ni  para sus grandes dolores.

 

Pérdida de la inocencia y del paraíso. Como Eva que al morder la manzana  fue expulsada de la arcadia primordial y condenada, así la  mujer que pasó por una IVE tendrá que enfrentar esa culpa radical y certera, sin apenas defensas para poder hacerle frente. Una cosa es el dolor de lo perdido, inevitable, y otra la culpa ante lo hecho, opcional pero casi inevitable en una cultura patriarcal que nos niega el derecho sobre nuestros cuerpos y el derecho a expresar nuestro dolor.

 

Esos días después de la IVE, con el cuerpo aún embarazado (hormonalmente embarazado) suelen ser los días más difíciles del duelo y de todo el proceso. La mujer, sin previo aviso, se halla en una situación de vulnerabilidad extrema: no está ni se siente bien pero tiene que disimular. A toda costa, a costa de sí misma. Me llegan relatos de mujeres que abortaron por la tarde y esa misma mañana fueron a trabajar, y que al día siguiente tuvieron que volver a sus oficinas. No hay día de descanso, Y una se halla en una montaña rusa de emociones extremas que no sabe cómo gestionar y encima tiene que ocultar. Y como no me cansaré de decir, no hay relatos. No hay narraciones de mujeres de esos días, de su proceso de duelo en general. Y las que existen suelen ser desesperanzadas, obsesivas, culpabilizantes…Eso hace que la mujer que abortó no encuentre referentes y su soledad y dolor parezcan excepcionales. Eso es una condena a la locura: cuando lo que nos pasa parece que sólo nos pasa a nosotras, cuando no existen interlocutores válidos, nos enfrentamos a la sensación de estar volviéndonos locas.

 

Y las que buscan ayuda profesional, no encuentran a quién acudir. Así de simple, así de llano. Yo me encontré en esa situación y por eso inicié este proyecto, pero casi no existe nadie que esté ofreciendo un acompañamiento de este tipo. He conocido mujeres que antes de llegar a mi consulta pasaron por psicólogos y psiquiatras, algunas fueron directamente condenadas por sus actos (lo digo en serio, me han llegado relatos que yo calificaría de mala praxis profesional y de violencia obstétrica) y otras fueron ninguneadas en su dolor (“no es para tanto, a ti te pasa otra cosa….”). La vulnerabilidad se hizo más extrema y la locura más locura

 

En esos días, lo único que cabe es sobrevivir. Así de simple. Entender que lo que te está pasando es normal porque estás viviendo una experiencia extraordinaria en tu vida, me atrevería a decir una experiencia fundacional, que no te estás volviendo loca sino que estás atravesando una experiencia de máxima vulnerabilidad para la cual apenas existen apoyos sociales.

Siempre pongo el ejemplo del dolor físico: si te caes de un primer piso y te rompes algunos huesos nadie pretenderá que al día siguiente vayas a trabajar. Se te pediría reposo por un tiempo largo. El dolor psíquico o del alma también pide su tiempo, y si nadie te lo da debes dártelo a ti misma. Si no puedes parar (a veces no se quiere) puedes al menos decirte que tu estado es normal y que “esto también pasará”. Pasarán estos días extremos y críticos, de emociones descontroladas y sensación de irrealidad. Pero luego vendrá otra etapa del duelo, de dolor más profundo al que deberás atender y abrazar, porque solo así se transita un duelo sano.

 

Recomendaciones para esos días: en ese sobrevivir, evita a toda costa aquello que te haga mal. No es infrecuente que muchas mujeres en esos días se pasen horas frente a internet viendo vídeos y escuchando historias terribles sobre abortos y opiniones condenatorias. Es una búsqueda de respuestas y de sufrimiento. Digo sufrimiento porque a menudo se busca el atuocastigo: la culpa está ya instalada y quiere ser redimida. Pero la culpa sólo busca el castigo, y este nunca será suficiente (ante “la magnitud de lo que se ha hecho” porque así es percibido).

A la culpa sólo podemos vencerla desactivándola o con el amor, nunca con el castigo. Pero eso daría, también para otro largo artículo.

 

Recomendaciones para esos días: busca una manera de expresar lo que sientes, un espacio seguro donde permitirte llorar lo que has perdido (y en la medida que puedas identifica lo que perdiste). El reconocimiento de la pérdida y la liberación de las emociones son los primeros pasos para poder realizar un duelo sano. Ese espacio puede ser un espacio compartido con alguien, pero si eso no se da, puede ser un espacio tuyo donde te sientas acompañada en la soledad: un diario, un paisaje, un animal…todo ayuda.

 

En resumen me gustaría que supieras que en esos días de locura, no te estás volviendo loca. Que aunque así lo sientas, no estás sola porque hay muchas mujeres que pasaron por lo mismo, aunque no hablen. Y que esto pasará. Aunque parezca que vas a estar así de mal siempre, no es verdad Esperanza no es saber que todo irá bien, sino que haya pasado lo que haya pasado, existe un sentido último de lo sucedido. Aunque ahora no lo veas o seas incapaz de verlo. Y ese sentido ya lo irás construyendo y a la vez encontrando. Pero no hoy, no ahora…ahora sólo se trata de sobrevivir, de no hacerse más daño, de no añadir sufrimiento a un dolor profundo.

 

¿Me dejas que te acompañe?