Quiere la casualidad, o su otra cara, el destino, que me llame Eva. Pero no voy a hablarte en este artículo sobre mi persona, sino sobre Eva como el gran arquetipo de la “madre”. En este sentido, Eva al desnudo o la maternidad al desnudo.

Hace poco hablaba con una amiga y coach a quien le comentaba que últimamente la gran mayoría de mujeres que me contactan han pasado por un proceso de IVE ya siendo madres. Y le decía que, contra todo pronóstico, el hecho de que yo fuera también madre me permitía entenderlas mucho mejor. Mi amiga dijo una frase muy hermosa: “Claro, de otro modo, tu acompañamiento hubiera sido ciego”.

 

En primer lugar, cabe decir que la imagen de una mujer que, siendo madre, decide interrumpir su embarazo desafía todos los esquemas sociales. Normalmente se asocia la IVE, en su mitología popular, a una chica joven, incluso menor de edad que no tuvo precaución en sus relaciones sexuales. Por mi experiencia puedo afirmar que la situación de encontrarse con un embarazo inesperado (voy a evitar la palabra “indeseado”) se puede dar en cualquier edad y condición social de las mujeres. Lo saben bien el personal de las clínicas abortistas que podrían dar testimonio del amplio abanico de mujeres que acuden a sus consultas.

 

El estar fuera del “estereotipo” va a hacer que esa mujer se sienta tremendamente sola, no tiene referentes de otras que hayan pasado por lo mismo. Y más allá, veremos como la IVE no sólo va a poner en cuestión su ser moral y su valía como persona, sino que  va a cuestionarle su papel como madre.

Directamente va a sentirse “mala madre”.

 En estos casos, más que nunca, el aborto va a poner sobre la mesa el amor a sus hijos, su responsabilidad de madres, su capacidad respecto a su maternidad (“soy incapaz como madre”) y su realización como mujeres a través de la maternidad (todo el ideal social que aún pervive que identifica la maternidad con un proceso idílico  de autorrealización de la mujer).

 

En ese sentido, y en consulta personal, trabajaremos todos los aspectos relacionados con su maternidad. El aborto es una oportunidad de mirar cara a cara las sombras de la misma, aquello que no quiere ver y que ahora también se le escapa.

 

Primero habrá que analizar qué llevó a esa mujer a la IVE, a interrumpir una segunda o tercera gestación. Normalmente encontramos un deseo profundo de tener más hijos (un maternidad múltiple y deseada) confrontada con una maternidad real, dura y con muchos sacrificios. A veces existe una imposibilidad económica de traer otro hijo al mundo, pero a veces sí hay posibilidades económicas. ¿Qué hace que esa mujer decida interrumpir su embarazo? Una realidad: ser madre no es sólo cuestión de dinero, sino en esencia de tiempo y energía…y de muchos apoyos. Y eso nos lleva a otra realidad: la inmensa soledad en la que se encuentran muchas mujeres a la hora de criar a sus hijos, tengan o no pareja. 

 

Lo sabe quien es madre. La maternidad real suele estar llena de sombras y de culpabilidades. Y todo eso queda silenciado. Justo recientemente están saliendo voces que intentan visibilizar todas estas sombras de la maternidad. Entendemos aquí por sombra todos aquellos sentimientos relacionados con nuestro ser madre  cuya sola existencia nos hace sentir mal o que ni siquiera nos llegamos a permitir expresar, quedando relagados al subconsciente y a lo tabú. Grupos como el de “malasmadres” en facebook que aglutinan miles de seguidoras o libros como el de “madres arrepentidas” cuestionan toda la mitología social en torno a la maternidad. Pero es muy reciente. Justo están saliendo a la luz estas nuevas narraciones y testimonios sobre lo que significa para muchas mujeres el hecho de ser madres reales en una sociedad donde los apoyos son mínimos a todos los niveles.

 

Lo que creo que el aborto puede aportar a las mujeres que pasan por él en esta situación no es el cuestionamiento del amor a sus hijos  (eso debería quedar más allá de toda duda) pero sí el cuestionamiento de la vivencia de su maternaje (el trabajo real de ser madres) que suele implicar  una gran soledad en la crianza de los hijos, una tremenda autoexigencia que termina siendo culpabilizante (nunca estamos a la altura del ideal que proyectamos sobre nosotras mismas como madre),el constante juicio propio y ajeno en muchos ámbitos, la doble jornada tan extenuante, la sensación de no llegar a nada (ni a ser buena profesional ni buena madre) y tantos etcéteras…

 

La IVE puede ser un punto de partida para una reflexión profunda sobre qué cambios podemos hacer respecto a nuestra maternidad y cómo nos sentimos realmente en ella (todos esos sentimientos que a menudo no queremos ni ver de frustración, culpabilidad…). Una oportunidad para replantearnos cómo queremos vivir nuestra maternidad. Para eso debemos afrontar cómo la estamos realmente viviendo y sintiendo.

Afrontar esas sombras (porque son auténticas sombras) va a abrirnos la puerta a una revolución dentro de nuestro propio ser madres. Creo que vale la pena. Por nuestros  hijos y sobre todo por nosotras mismas. Porque las cosas pueden ser muy diferentes. 

 

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