“Si todas las mujeres que se han hecho un aborto, o aunque fuera una tercera parte de ellas, estuviera dispuesta a hablar de su experiencia, no con vergüenza sino con sinceridad respecto a lo que eran entonces, lo que sabían, lo que han aprendido y lo que son y saben ahora, todo este asunto sanaría con mucha mayor rapidez.”
Dcta C. Northrup, “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer”
Me llamo Eva Puig y hace unos años interrumpí voluntariamente mi embarazo (IVE). Es decir, aborté.

Empezar esta presentación así no es fácil. Puedo hacerlo porque vengo de un largo camino, de un largo viaje que se inició hace algunos años cuando viví esta experiencia.

Sé lo que es el silencio, no contárselo a nadie, el miedo al qué dirán… yo también pasé por todo esto.

Pero creo, como la docta Northrup, que es necesario hablar de esta experiencia y de cómo puede transformarnos.

Hablar desde la serenidad y el amor y no desde la culpa y la vergüenza, desde la cicatriz y no desde la herida.

Como escribí en un poema, vengo de un largo silencio, no sólo mío, sino del linaje de las mujeres, pues el aborto forma parte de la historia no contada de la mujer desde el inicio de los tiempos.

Mi historia personal supuso un cuestionamiento de mi ser y de mi ser mujer.

El aborto supuso un viraje de 180 grados en mi vida, un pararme y volver a empezar desde esa extraña en que me había convertido.

Me llamo Eva Puig y hace unos años interrumpí voluntariamente mi embarazo (IVE). Es decir, aborté.

Empezar esta presentación así no es fácil. Puedo hacerlo porque vengo de un largo camino, de un largo viaje que se inició hace algunos años cuando viví esta experiencia.

Sé lo que es el silencio, no contárselo a nadie, el miedo al qué dirán… yo también pasé por todo esto.

Pero creo, como la docta Northrup, que es necesario hablar de esta experiencia y de cómo puede transformarnos.

Hablar desde la serenidad y el amor y no desde la culpa y la vergüenza, desde la cicatriz y no desde la herida.

Como escribí en un poema, vengo de un largo silencio, no sólo mío, sino del linaje de las mujeres, pues el aborto forma parte de la historia no contada de la mujer desde el inicio de los tiempos.

Mi historia personal supuso un cuestionamiento de mi ser y de mi ser mujer.

El aborto supuso un viraje de 180 grados en mi vida, un pararme y volver a empezar desde esa extraña en que me había convertido.

Busqué información sobre el tema. Había mucho sobre el debate ético y muy pocas mujeres que hablaran como la doctora Northrup nos comenta arriba: en primera persona,, con profundidad y con amor.

Y en la polémica nunca resuelta del debate ético se negaban las consecuencias del aborto o se hablaba directamente de trauma (situándolo en el ámbito de lo patológico).

No me identificaba con ninguna de estas posturas. Intuía que había mucho más que el blanco y negro del sí o el no al aborto y sus consecuencias.

De ahí nació una decisión, desde las entrañas: decidí que un día escribiría lo que yo no había podido leer sobre el aborto. Decidí darle otro enfoque, decidí hablar en primera persona y en femenino de este tabú, investigarlo y sumergirme en sus profundidades, tener oídos para escuchar lo que nadie abiertamente nos cuenta, y tender mis manos  a aquellas mujeres que lo necesitaran.

No se dió de la noche a la mañana. Primero tuve que sanar, que recorrer mi propio proceso de duelo, a tientas como quien dice.

Aunque tenía herramientas: desde mi formación como filósofa hasta mis años de estudiante y profesora de yoga y meditación. Conocía distintas terapias (reiki, hipnosis). No partía desde cero.

Pero aún así, estudié y me formé en procesos de duelo y llevé el duelo al terreno del aborto voluntario.

Sí, fue un largo camino… de regreso a mi misma.
A lo largo del camino aprendí que siempre nos queda por aprender, que el camino es infinito y viene de lejos, que vale la pena recorrerlo porque así no sólo nos sanamos a nosotras mismas sinó a las generaciones que nos precedieron y a las que vendrán.

En este viaje hacia lo personal me encontré con lo colectivo. Me encontré con mujeres concretas, con nombres e historias concretos, que también habían vivido esta experiencia. Algunas llevaban 1 año, 4…. incluso 20 sin haberse atrevido a hablar de ello. Algunas decidieron caminar a mi lado o que yo les acompañara en su camino.

Hace apenas un año y medio que inicié este proyecto: me dedico a acompañar a mujeres que abortaron voluntariamente a superar su dolor para que encuentren la paz con su pasado y consigo mismas. Desde hace un tiempo empiezan a haber otros profesionales del duelo gestacional que empiezan a realizar estos acompañamientos.. La luz de Kora fue la primera en iluminar una universo tabú entre tabús.

Si el camino viene de lejos y es infinito… ¿Quieres empezar a andarlo?

¿Trabajamos juntas?

Creadora del curso sobre el proceso de la IVE para la escuela de duelo gestacional Stillbirth support, dirigida por Mónica Alvarez.

Recibe Las Cartas de esperanza tras un aborto voluntario