Antes de entrar a analizar las creencias que hacen que, grosso modo, la sociedad no sea consciente o niegue directamente la existencia de un duelo tras una interrupción del embarazo, cabe tener en cuenta un par de consideraciones. 

La primera es que hablar de aborto nos incomoda. No sabemos muy bien cómo situarnos y nos vamos directamente a lugares comunes, a heridas ancestrales y a prejuicios que nunca cuestionamos. El aborto incomoda porque es un tabú entre tabús que toca 4 temas difíciles y silenciados (como explico en mi libro): la muerte, el dolor, la maternidad y la libertad de la mujer y el cuerpo de la mujer. Todos ellos temas difíciles y algunos que entran directamente dentro de ámbitos de silencio (tanto la muerte como el dolor son “lugares” donde la palabra falla, donde los humanos vamos a tientas).

Y la segunda es que hablar de aborto requiere de un pensamiento crítico y de una sensibilidad compasiva. Requiere de cabeza y corazón, de un pensar capaz de discernir y ver profundidades, no de un pensar plano y polarizado, y de un corazón abierto a la verdad del otro y de su dolor. 

Visto esto, nos damos cuenta que en general la sociedad no habla de duelo en el aborto voluntario. Ni siquiera la literatura clínica lo contempla. Es como si no existiera. En los masters de psicología perinatal empiezan a incluirse los últimos años módulos dedicados al duelo gestacional y perinatal, pero de interrupciones del embarazo no se habla. Cuando la realidad es, que en las consultas privadas, tanto de psicólogos como de terapeutas, cuando este tema aparece (y no es raro que lo haga), sea una experiencia de gran impacto y difícil gestión para la mujer que la vive.

¿A qué se debe este silencio? ¿O esta ceguera? ¿O esta inconsciencia?

A mi modo de ver, a cuatro premisas o creencias que tomamos sin cuestionarnos.

  1. El aborto voluntario no duele porque “no era nada”. Son duelos sin cuerpo. Se niega la pérdida. Si nada se pierde, nada nos puede doler. Era “un grupo de células”.

Esto puede ser falso, porque muchas veces las mujeres sí sienten que algo perdieron. En consulta es importante preguntarles qué perdieron. Sólo ellas pueden definir su pérdida (nadie, ningún profesional o experto puede decírtelo por ti). Lo perdido entra dentro del ámbito de lo subjetivo y de lo simbólico de cada mujer. Todas, cuando hay sentimiento de pérdida, coincidirán en que han perdido una maternidad (un futuro en concreto con un hijo en concreto que ya no volverá), algunas dirán directamente que han perdido un hijo (y aquí no estamos entrando en el debate de ser persona- o no…sino que estamos haciendo referencia a la relación que esa mujer establece con el ser que está gestando), y otras muchas dirán que se perdieron a si mismas, sus parejas, etc…No es extraño que el aborto provoque otras rupturas y otros duelos.

  1. El aborto voluntario no duele porque no se deseaba ese embarazo. 

Esta creencia también puede ser falsa. Hay mujeres que no lo deseaban, pero algunas sí lo desean, pero “no en este momento”, “no en estas circunstancias”, “no así”. Muchas veces los pros y los contras a la hora de decidir dejan a una mujer rota y en guerra consigo misma. La decisión se vive como imposible. Y tampoco cabe olvidar que la maternidad está llena de ambivalencias y de discursos tabús no permitidos: habrá mujeres qué sí desearán ese hijo pero no el ser-madre (algunas muestran un profundo miedo o rechazo al rol de madre…aunque aquí creo que lo que se rechaza es la maternidad insitucionalizada tal y como la entendía Adiranne Richt…o, en el mismo espectro de casos, el aborto está despertando la herida de la maternidad en la mujer embarazada, herida heredada de su madre, de su abuela…). Vemos pues, que no es tan claro que no se desee.

  1. El aborto voluntario no duele porque…es voluntario. Es decir, “si tú lo has decidido, por qué lloras”, palabras crueles donde las haya. 

En esta frase habría que analizar tres cosas

La primera: ¿Desde cuando el hecho de tomar una decisión impide que esta duela? Hay muchísimas decisiones en la vida que son profundamente dolorosas y eso no nos quita ni un ápice el derecho a tomarlas.

La segunda: voluntario no significa libre. Las mujeres hemos luchado para que esta decisión sea autónoma, es decir, que nosotras seamos las que tengamos la última palabra sobre nuestros cuerpos y maternidades. No el estado ni nuestros padres y esposos. Pero nunca una decisión es completamente libre de las circunstancias que la rodean, de la mujer y su carácter, creencias y el momento vital en que se encuentra. Muchas mujeres me dijeron que mientras estaban decidiendo se sentían entre la espada y la pared. Se hallaban en una encrucijada entre el deseo y sus circunstancias, entre lo que les gustaría y lo que es….

La tercera: es que a nivel social se minimiza este tipo de decisión. Pareciera que todas tenemos claro lo que haríamos, y lo hacemos. Parecería banal, fácil, porque si lo haces es porque crees que “no es nada” y así lo deseas. La verdad es que es una decisión que se tiene que tomar en pocos días, irreversible, muchas veces socialmente condenada cuando no ilegal o criminalizada, y que supone un dilema ético profundo que, aunque a priori tengamos claro, muchas veces cuando estamos en la situación no tanto .

  1. El aborto voluntario no duele , se niega, porque desde las posiciones que lo defienden se tiende a creer que un proceso de duelo es un proceso de arrepentimiento. Si duele, es porque te arrepientes.

Esto también es falso. El aborto puede doler por muchos motivos sin necesidad de que haya arrepentimiento. Y, por otro lado…¿Qué es arrepentirse? Es sentir que si volvieras a esa encrucijada imposible, tomarías otro camino. Muchas mujeres me han comentado que “les duele mucho lo vivido pero volverían a elegir los mismo”, es decir, no hay arrepentimiento. 

Tampoco estaría de más preguntarnos como sociedad qué  problema tenemos con el arrepentimiento. Parece como si no lo tolerásemos , como si  no lo perdonásemos…porque no solemos aceptar los “errores” (el arrepentimiento se vive así, como un error). Deberíamos replantearnos nuestro derecho a equivocarnos, y además, en caso de que haya arrepentimiento , saber que esto no tiene por que ser una condena para toda la vida. El arrepentirse se puede gestionar: una mujer puede llegar a estar en paz con la decisión tomada aunque piense que ahora hubiera tomado otro camino. 

Desde esos cuatro supuestos nunca cuestionados, es como la sociedad y los profesionales de la salud en general acostumbran a estar “ciegos” ante una experiencia extremadamente compleja que muchas mujeres deben atravesar en la más completa soledad, aislamiento e incomprensión por parte del entorno . 

Empecemos pues, poco a poco, a tomar consciencia (cabeza unida al corazón) de lo que la interrupción del embarazo es de nuestra piel para adentro.

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