“Hoy en día quien se embaraza es porque quiere!” – dice una voz acusdora popular, profundamente interiorizada.

No son pocas las veces que en conversaciones de bar, informales, escuchamos esta frase cuando aparece el tema del aborto…seguida por un más acusatorio “que se asuman las consecuencias de la irresponsabilidad”. 

Y si en algún momento de tu vida has abortado, si en algún momento de tu biografía viviste esta situación y no has llegado a integrarla, seguramente te sentirás profundamente culpable, y un mal disimulado rubor cubrirá tu cara silenciosa y lejana. 

En las dos frases anteriores van implícitas dos creencias no cuestionadas: “que somos seres racionales y que para eso deberíamos poder gestionar nuestra fertilidad (sobretodo hoy en día, cuando nunca hubo, históricamente, más información y medios para hacerlo), y que una vez no habiéndolo hecho (siendo así, profundamente irresponsables), la opción responsable es seguir adelante con el embarazo inesperado (casi a modo de castigo, para que apechugues con tus actos y, casi añadiría, con tu placer). 

¿Somos seres tan racionales como pensamos?

¿Tener información implica tener el control?

¿Tener la información es suficiente o necesitaríamos también tener un conocimiento más profundo de quiénes somos, nuestros deseos y miedos?

¿Es la opción más responsable seguir adelante con un embarazo que plantea serias dudas?

¿ No indica el tono una cierta superioridad moral que juzga, condena y castiga?  ¿Esa persona se siente bien con esa superioridad moral?

¿Es el placer de la mujer algo que deba ser castigado?

¿Y donde queda el hombre en todo esto?

Muchas preguntas deberíamos hacernos antes de aceptar, sin más, la culpa que nos regala la “voz popular”, luego interiorizada en voz íntima (y autodestructiva)

Con todo, la pregunta no es baladí: ¿por qué se producen embarazos no esperados? ¿Por qué te embarazaste inesperadamente?Fíjate que utilizo la palabra inesperado, y no indeseado..porque a veces se desea y no se desea a la vez (existe una ambivalencia del deseo unida a la ambivalencia de la maternidad…de la que ya hablaremos en otro post).

Desde mi experiencia, voy a plantearte un abanico de respuestas a estas preguntas:

  1. Los anticonceptivos fallan. No es raro escuchar en consulta que falló el preservativo, el DIU, la píldora del día después…No existe método anticonceptivo infalible. Pero la sociedad no contempla esos casos, que por parecer improbables pasan a creerse imposibles.
  2. El embarazo fue fruto de una violación. En estos casos, la vox populi suele encontrar una excusa para el aborto…pero, sinceramente, en todos los años que me dedico a acompañar procesos de IVE no conocí a ninguna mujer que hubiera abortado por estas razones. . Estos casos existen, por desgracia, pero no creo que sean, estadísticamente los más frecuentes de las mujeres que deciden interrumpir su embarazo. Por desgracia, son casi los únicos casos que, muchas personas anti-abortistas, podrían llegar a entender.
  3. Mujeres que se creían infértiles, ya sea crónica o temporalmente. Hay mujeres a quienes un día les diagnosticaron infertilidad y ya se hicieron a la idea de no ser madres…tal vez lo deseaban, tal vez no, pero en su mundo ya no cabía dicha posibilidad…hasta que no se sabe cómo llegó de forma inesperada ( y angustiosa si terminó en IVE). Por otro lado, en lo que yo llamaría “infertilidad temporal” ,incluiría a esas mujeres que  después de un embarazo y con un bebé de pocos meses, dando pecho y sin señales de regla alguna, en la primera relación que tuvieron con su pareja, se quedaron embarazadas. Estas, las que optan por la IVE, suelen ser mujeres que en esos meses de descontrol emocional profundo y de construcción de la propia personalidad como madre, no se sienten capaces de asumir otro hijo (con todo el sentimiento de culpa que esto comporta)
  4. Conductas de riesgo. Estas son las más condenadas popularmente. Si te arriesgas, luego asume tus consecuencias .Pero..deberíamos ir más profundo…¿Por qué nos arriesgamos? ¿Somos seres tan racionales como pensamos, cuando está comprobado que nuestra mente es un 90-95% inconsciente? ¿Realmente controlamos tanto como creemos?

Hace un tiempo tuve el placer de entrevistarme con Laia Ferrer, una chica que había hecho su tesis de final de carrera guiada por una pregunta: ¿por qué razón, habiéndose incrementado el número de políticas de planificación familiar, los abortos no habían disminuido? (pregunta, por otro lado, que me pareció buenísima).Recuerdo que nos encontramos en un bar de Barcelona y estuvimos hablando a lo largo de un par de horas. De todas aquellas palabras que se llevó el viento, mi memoria seleccionó una sola frase: “Porque la sexualidd no es racional”. Nos llamamos homo sapiens y durante siglos hemos ensalzado nuestro ser-racional, como si fuéramos la crême de la crême de la creación, cuando de hecho, nuestra racionalidad está guiada por hilos mucho más profundos que hunden sus raíces en nuestro inconsciente y sus sombras.

Y ante ese panorama aparecen tres grandes impulsos que hacen que no se tomen precauciones:

  1. El deseo. Muchas mujeres sí desean ser madres, en lo profundo, en los rincones no confesados. Y la razón les dice que no, que no es posible…no ahora. Pero “el inconsciente siempre termina expresándose”.  Se trata por lo tanto de un deseo ambivalente, se quiere (ser madre) pero a la vez no se quiere (ahora, en estas circunstancias, o debido a miedos a la maternidad nunca afrontados). Y será ese deseo el que hace que se tomen conductas de riesgo. Un deseo inconsciente, no claro, como nebulosa…que aparecerá en los momentos menos oportunos.
  2. El miedo al rechazo. Aquí nos encontramos con tantísimos casos de mujeres que no saben poner límites, que son incapaces de decirle a la pareja que se ponga un condón, para “no cortar el rollo”, porque “nunca pasa nada”. Sí, existen muchas políticas que informan sobre métodos anticonceptivos, pero deberían ir acompañadas con cursos de gestión emocional y sana autoestima (ese amor propio que sabe poner límites al otro sin miedo al rechazo ni al abandono). En estos casos se podría alegar que por qué no se toman pastillas o se pone un DIU.  Todos ellos métodos profundamente agresivos para la salud de la mujer. Tal vez haya mujeres que no quieran pasar por ahí, o que le teman a los efectos secundarios de las pastilla o del DIU. Sobre el preservativo femenino, tan reciente, poca información hay.
  3. El inconsciente familiar. Aquí hablamos de un campo de información familiar, de un transgeneracional que viaja en el tiempo y en el árbol familiar. En él existen decretos y patrones que se van repitiendo…No es infrecuente que si tu abuela abortó un primer hijo una descendiente suya repita la historia. Ese inconsciente buscará sanarse repitiendo historias. Suena increíble, pero sorprendería la cantidad de repeticiones en una familia…y dan que pensar. Sobre todo, lo silenciado, lo negado, pervive en la sombra y termina buscando manifestarse.

¿Somos títeres a manos de nuestro inconsciente? A mi me gusta ver el inconsciente, no sólo como el lugar donde nos habitan las sombras sino como el lugar donde están las claves para la propia autosanación. Tanto el deseo, el miedo, como el inconsciente familiar que nos llevan a actuar sin protegernos deben ser hechos conscientes y deben ser trabajadas todas las ambivalencias y contradicciones que nos habitan. Es un trabajo terapéutico largo, que normalmente solo iniciamos cuando la situación nos llevó al límite (y eso puede ser muy bien en el caso del aborto). Pero es desde ese límite, cuando todo vuela por los aires, que vale la pena volver a pensarnos y sentirnos desde otro lugar, más honesto y vulnerable, sí, pero más nosotras mismas.

Todo embarazo inesperado generará inmediatamente mucha culpa. Porque “nos dejamos embarazar”, porque perdimos el control (obviándose, popularmente la responsabilidad del hombre). Acaso como hemos visto, nuestro control es pura fantasía de la mente racional. El verdadero control no viene por tener toda la información sobre cómo evitar técnicamente un embarazo, sino por conocernos en profundidad a nosotras mismas, nuestro anhelos, miedos y ambivalencias, nuestros patrones adquiridos desde la infancia y nuestras creencias. Pero como te decía, normalmente iniciamos el camino del conocimiento cuando el personaje que creíamos ser y con el que nos identificábamos vuela por los aires y toca, ahora sí, conocerse de verdad ante la desconocida que te has convertido. 

¿Somos responsables de nuestra ignorancia? ¿De lo que no sabemos sobre nosotras mismas? Normalmente las sombras, nuestros patrones profundos, se pondrán de manifiesto ante las crisis, y el aborto, de una forma muy cruel, nos va a hacer sentir culpables por una ignorancia que no podíamos ver. 

La culpa en la mujer es oceánica, viene de la oscuridad de los tiempos y nos acompaña por el hecho de ser mujer. Desde el mito de Adán y Eva. Esa culpa se multiplica por mil con el embarazo inesperado y con el aborto que le sigue. Recorrer el camino del duelo es entender quién eras en el momento en que viviste esta experiencia, entender cómo actuaron en ti el azar o el inconsciente, abrazar a la que fuiste con todo su sufrimiento fruto de tantas contradicciones que tuvieron que ser resueltas en días imposibles, y encontrar la paz que sólo da una mirada de amor sobre ti misma. Tal vez recorrer el camino del duelo sea recorrer el camino del amor hacia quien eres, sea cual sea tu historia.

Porque mujer, tú no eres tu pasado.

De korazón,

Eva

Recibe Las Cartas de esperanza tras un aborto voluntario

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